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La Lírica de un Cursor

26 diciembre 2007

El cursor titila frente a mi.
Su tranquilidad se burla de mi,
de mi vacilación para escribir.

!Ya verá! Escribiré y escribiré,
hasta terminar cansado, agotado,
tal vez hasta acostado.
¡Pagará! Tanto así escribiré…

Pero no importa mi expresión,
ni tampoco mi inspiración,
ni siquiera mi frustración.

Sigue el cursor en su implacable
e incesante titilar.
Amenazo con removerlo, con no verlo más.
!Juro no escribir más! Ni una palabra.
Y lo hago… no escribo por años.

Pero siento esa atracción, ese deseo.
La palabra arde en mi interior…
¡Y no puedo ya esconderla!

Si, he descubierto una pasión,
un deseo anhelante,
una adicción incontenible.

¡Soy adicto a la lírica!
¡Soy un escritor emocional!
Quiero probar suerte en el drama,
también en la épica…
Quiero escribir sin estar presente,
quiero escribir sobre otros…

Pero cada vez que escribo,
cada cosa que pienso,
cada pieza que leo,
forma la lírica y pierdo…

Se que perdí mi batalla.
(quizá nunca luché)
Cada vez que el cursor titila
frente a mi, siento lo mismo.
Lo veo ahí, tranquilo, relajado.
Lo veo y lo humanizo…

Y bien sé que es y que no es,
Lo veo a veces como amigo,
a veces mi enemigo.
Ineludible, inexplicable…
compañero de aventuras.
¡Mi escape! ¡Mi addición!

Poesía

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